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viernes, agosto 08, 2008

A caballo regalado...

por landi

"A caballo regalado, no se le miran los dientes", explica la sabiduría popular. La idea, es que en algo que viene de regalo pueden tolerarse algunos defectos, presuponiendo que el valor del obsequio es mayor que la reducciόn de utilidad que el defecto en cuestiόn implica.

Sin embargo, en tiempos de promociones consumistas, las cuentas no cierran de la misma manera que en los tiempos en que la escasez hacía de un caballo, sin importar su dentadura, un valor de importancia para tu economía personal.

"Con tu compra te regalamos un celular", me planteό la vendedora que inspirό ayer esta entrada cuando salí a hacer compras por el Día del Niño. Con esta o cualquier otra excusa, las empresas aprovechan para tratar de encajarte un contrato, un gasto mensual o aunque sea el consumo de accesorios y servicios extras. Antes de aceptar cualquier supuesto regalo de este tipo y dejarte llevar por el entusiasmo del "gratis", pensá dos veces si lo necesitás y qué gasto extra o compromiso implica la aceptaciόn.

Si no estás convencido, un "No, gracias" puede ahorrarte problemas.

En la actualidad --al menos en la sociedad de consumo en la que estamos metidos en la mayor parte del mundo-- el dicho debería ser "A caballo regalado...también hay que darle de comer"

miércoles, noviembre 07, 2007

Emprendedores irresponsables

por danila

Hace unos meses mis sillones Wassily pedían a gritos ser retapizados. "¿Quién puede hacer ese trabajo?" pensé. No es un sillón común ya que tiene una estrucutra tubular de metal y un tapiz de cuero tensado. Marcel Breuer se inspiró en una bicicleta para diseñar el original mientras trabajaba para la Bauhaus en 1925 y pudo hacer realidad su proyecto gracias a que por ese entonces la firma alemana Mannesmann perfeccionaba la manufactura de tubos sin costura.

Surfeando por Internet encontré "Salón del Cuero". La firma se especializaba en tapizados en cuero y trabajaba líneas contemporaneas. En su listado de clientes había hoteles, restaurantes, shoppings y empresas. Llamé por teléfono y mandé un email con la fotito de mi sillón preguntando si podían hacer el trabajo. Me dijeron que sí, que conocían los Wassily, me presupuestaron $450 por cada uno para cambiar el cuero, los retiraron y --luego de alguna insistencia telefónica de mi parte-- me los devolvieron retapizados a las dos semanas.

En el momento me pareció que estaba OK aunque el cuero me decepcionó (el original era de verdad, esto era cuerina). Ni bien se fue la camioneta me di cuenta de que no me habían dado una factura y de que no me habían devuelto el cuero original. Hmmm...

Pasaron tres semanas. Un invitado se sentó en uno de los Wassily y terminó en el piso. Los dimos vuelta para descubrir que estaban mal cosidos. También vimos que la estructura tubular estaba mal armada y que estaba encastrada sin tornillos (¿se los robaron?).

Llamé a Marcelo, con quien venía tratando, para que los arreglara. Se disculpó reiteradas veces y me dijo que me despreocupara que lo venía a buscar y en unos días lo arreglaba. No vino. Lo llamé nuevamente y me dijo que por un mes no podía hacer nada porque estaba en una obra en Mendoza. Lo llamé al mes. Me pidió que lo llamara en una semana. Lo hice y quedamos en un día para que recogiera los sillones. No vino. No llamó. Lo llamé nuevamente y quedamos en otra cita. No vino. No llamó. Nunca más atendió mis llamados. Ni mis emails. Ni los mensajes que dejé en el contestador del supuesto departamento de atención al cliente. Mi esposo mandó un email haciendose pasar por un nuevo cliente y lo llamaron por teléfono en el día. Cuando explicó quién era y porque llamaba, el tono del otro lado cambió y vino la respuesta: "Paso el sábado a buscarlo si puedo". Jamas vino. Ni llamó.

En el camino emprendedor, a Salón del Cuero le faltó aprender el capítulo de las buenas relaciones comerciales, del servicio post-venta, de la importancia de fidelizar a los clientes y de las buenas prácticas de una empresa responsable.

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