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miércoles, agosto 22, 2007

Teletrabajadores: ¡1 de cada 4!

por landi

Recuerdo una de las primeras notas que escribí con Danila para la revista Mercado, en la que nos enfocábamos en lo que entonces -unos diez años atrás- era una práctica ultramoderna y de película: el teletrabajo.

En "De Chaplin a Sandra Bullock" relatábamos los cambios en el trabajo desde la época de las empresas tradicionales que consideraban a sus empleados como engranajes de su gran maquinaria -tal como Charlie Chaplin en "Tiempos modernos"- hasta la independiente teletrabajadora que componía Bullock en "La red", una programadora que trabajaba desde su casa sin siquiera conocer a sus jefes en persona.

La práctica del teletrabajo se aceleró en años recientes con tecnologías como celulares, Internet y computadoras personales cada vez más accesibles, y con la búsqueda de las empresas de reducir sus costos de infraestructura a la vez que retener y motivar a sus empleados con políticas flexibles.
Tocamos el tema varias veces en el blog (ver Negocios en camisón, Negocios en el café), ya que de alguna forma entramos ambas en esa realidad del trabajo desde el hogar que hasta hace unos años parecía futurología.
Unas cifras que leí ayer me sorprendieron por su magitud. Parece que a nivel mundial, de acuerdo con una información publicada por la consultora IDC, para 2009 uno de cada cuatro trabajadores en el mundo trabajará en forma remota. Es decir que 25 % de la fuerza laboral realizará sus tareas "sin necesidad de concurrir a una oficina u otro lugar específico, contactándose con sus jefes a través de Internet y otras tecnologías".
Los teletrabajadores o "trabajadores móviles" seremos pronto una multitud. ¡A prepararse!

lunes, agosto 20, 2007

"Estamos en Argentina"

por landi

Ayer se presentó en Bariloche el espectáculo que Maximiliano Guerra y el Ballet del Mercosur están llevando por el interior. Las oportunidades de ver espectáculos de esta magnitud son escasas por acá, así que saqué entradas ya hace un tiempo para asistir con mis chicos.

Compré localidades en una especie de bandeja alta en el estadio de Bomberos, porque desde arriba se tiene una mejor vista que desde la supuesta platea, unas filas de sillas de plástico en el piso plano del estadio. El problema es que no son numeradas, además de ser una duras tribunas de hormigón. Pero, bueno, estamos en Bariloche.

Quince minutos antes de la hora de comienzo llegamos al estadio y subimos a la zona que marcaban nuestras localidades. Oh, oh! No hay espacio! No importa. Para eso estarán estas personas de chalecos naranjas o las de uniforme de seguridad. No, no. Nosotros somos seguridad privada; no tenemos nada que ver con la organización (sic). Nosotros no acomodamos, pero ahí no se va a poder quedar, nos dicen los de naranja cuando haciendo contorsiones dignas de los bailarines que esperábamos ver nos acomodamos a los pies de los que ya estaban sentados. Bueno, entonces por favor llamá a alguien de organización porque yo pagué mis entradas en esta zona y debería encontrar un lugar en ella. No digo el mejor, simplemente los lugares que pagamos.

A la hora del supuesto comienzo del show, todavía no se había acercado nadie de la organización y los voluntarios de chaleco naranja y los de seguridad privada seguían sin tener muy en claro cuál era su trabajo en el lugar. Pero por suerte ahí viene la autoridad. Un señor ya mayor, de anteojos, con credencial y voz de mando. Se van a tener que mover todos detrás de los paravalanchas, ordena a la multitud que ya tenía pies de vecinos encajados en la espalda, codos a la altura de la nariz y por supuesto no podía moverse dos escalones hacia arriba como indicaba a los gritos el señor. Si no, se van a tener que ir.

-¿Usted es de la organización? -le pregunté con la poca paciencia que me quedaba a esa hora. -¿Qué pasó que no hay lugar si todos pagamos la entradas? ¿Por qué no intentan acomodar a la gente?

Mi instinto de organizadora me decía que no podía ser muy complicado organizar a un público de ballet en Bariloche. Qué quedaría si no, para los megaconciertos, Disneyworld o un partido de fútbol.

"Estamos en Argentina", me contestó como si eso excusara a los acomodadores de acomodar, a los de seguridad de brindarla y a los de organización de organizar.

Claro, después es esa la misma gente que se queja cuando los gobernantes no gobiernan o los jueces no sirven a la justicia...

Por suerte el espectáculo arrancó. En unos minutos la magia del arte había borrado la incomodidad, la Argentina trucha, la rodilla de la vecina clavada en la espalda. La entrega de los bailarines guiados por Guerra mostraba que hay otros argentinos, hacedores, profesionales, trabajadores, con disciplina y vocación por su trabajo.

El número final, pareció llevarme nuevamente al principio de la experiencia que relato. En "Argentino", Guerra y el ballet completo abordan el "orgullo de ser argentino", con música de la Bersuit Vergarabat. Los que valen y se esfuerzan, junto a los que nos llevaron a donde estamos hoy se mezclan en las letras de los temas que los bailarines abordan vestidos en celeste y blanco y rodeados de banderas nacionales.
"¿Yo?... ¡Argentino!/Como el tiro en el corazón /De Favaloro. /Del éxtasis a la agonía oscila nuestro historial. /Podemos ser lo mejor, o también lo peor, con la misma facilidad."

¿Sería este señor que se escuda tras "estar Argentina" para no hacer su trabajo, ni preocuparse por los demás y encima maltratar a los que quieren disfutar del espectáculo era parte del show, para que sintiéramos en carne propia esa parte de la argentinidad de la que los Bersuit, Guerra y unos cuantos más no estamos orgullosos?

"Y así nos hacemos ARGENTINOS. /Nos tildan de ladrones, maricas, faloperos, /y ellos sumergieron un país entero. "

martes, julio 10, 2007

Caminos, sabores y emprendimientos

por landi

El viernes próximo, en la Rural de Buenos Aires, estaré en una charla con visitantes de "Caminos y Sabores", una exposición que reúne tres sectores de negocios que me encantan: turismo, cultura y alimentos.

Artesanías, alimentos regionales, y turismo rural son el foco de esta muestra que, por tercer año consecutivo, promete aromas, colores y sabores que no forman parte a diario del corazón de Buenos Aires. Son muchos los emprendedores que arrancan proyectos con sus propias manos de artesanos, sus sueños de llevar alimentos típicos al mundo o de mostrar una vida diferente a la de las grandes ciudades.

Pero sólo unos pocos pueden hacer de sus sueños un negocio que les permita sobrevivir, crecer y desarrollar su potencial. Muchos estarán en la expo, que agrupa a productores y microemprendedores de diversas provincias. Otros irán a buscar cómo desarrollar o potenciar su idea. Allí estaré con una síntesis de Tu Negocio Propio para que todos puedan hacer realidad su sueño del emprendimiento propio.

viernes, junio 01, 2007

El fuego del inicio

por danila

Uno de los encantos de los emprendimientos o "start-ups" es la adrenalina que generan. La gente se siente motivada y comprometida... sin necesidad del premio macdonaldiano al "empleado del mes". ¿En qué momento un start-up se convierte en una corporación y debe recurrir a artilugios para lograr ese estímulo del comienzo? ¿Es posible que una corporación mantenga la cultura de start-up aún luego de consolidarse?

A mediados de 1999, Laura y yo hacía ya tres años que habíamos fundado nuestra productora de publicaciones corporativas, Paragraph. Teníamos una buena cartera de clientes y el equipo de trabajo había adquirido cierta autonomía. A nuestro alrededor ocurría la gran bonanza de Internet. Comenzamos a usar los mediodías para pensar qué podíamos desarrollar en la web. De nuestros almuerzos surgió Plaza Vertical, una suerte de eBay pero para empresas. Conseguimos que un fondo de inversión local pusiera capital para montar el negocio y armamos un lindo grupo de trabajo, tanto en Buenos Aires como en Sao Paulo. La aventura duró exactamente 12 meses - para el momento que había que conseguir una nueva ronda de capital, la burbuja de Internet había estallado y la Argentina estaba a punto de declarar el default.

Para mucha de la gente que armó Plaza Vertical, según me contaron en posteriores cafés, esa fue una de las mejores experiencias laborales de sus vidas. Es que todos estábamos propulsados por la adrenalina que da crear algo de la nada. El ambiente era divertido, la información compartida, la creatividad a flor de piel.

Recordé todo esto cuando la semana pasada entrevisté a Pablo Saubidet, uno de los fundadores de IPLAN, para Revista MERCADO (se publicará en junio). IPLAN fue la primera empresa de América Latina en introducir la tecnología IP para telecomunicaciones. Saubidet recordaba con cariño y cierta nostalgia los inicios de IPLAN. Como Plaza Vertical abortó, me quedé siempre con la duda de cómo hubiera evolucionado la cultura y el clima laboral de haber continuado. IPLAN ya tiene ocho años así que trasladé mi duda a Saubidet. Me gustó mucho su respuesta, que la comparto aquí con ustedes: "El desafío es lograr pasar del idilio fogoso al matrimonio intenso."

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