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lunes, agosto 20, 2007

"Estamos en Argentina"

por landi

Ayer se presentó en Bariloche el espectáculo que Maximiliano Guerra y el Ballet del Mercosur están llevando por el interior. Las oportunidades de ver espectáculos de esta magnitud son escasas por acá, así que saqué entradas ya hace un tiempo para asistir con mis chicos.

Compré localidades en una especie de bandeja alta en el estadio de Bomberos, porque desde arriba se tiene una mejor vista que desde la supuesta platea, unas filas de sillas de plástico en el piso plano del estadio. El problema es que no son numeradas, además de ser una duras tribunas de hormigón. Pero, bueno, estamos en Bariloche.

Quince minutos antes de la hora de comienzo llegamos al estadio y subimos a la zona que marcaban nuestras localidades. Oh, oh! No hay espacio! No importa. Para eso estarán estas personas de chalecos naranjas o las de uniforme de seguridad. No, no. Nosotros somos seguridad privada; no tenemos nada que ver con la organización (sic). Nosotros no acomodamos, pero ahí no se va a poder quedar, nos dicen los de naranja cuando haciendo contorsiones dignas de los bailarines que esperábamos ver nos acomodamos a los pies de los que ya estaban sentados. Bueno, entonces por favor llamá a alguien de organización porque yo pagué mis entradas en esta zona y debería encontrar un lugar en ella. No digo el mejor, simplemente los lugares que pagamos.

A la hora del supuesto comienzo del show, todavía no se había acercado nadie de la organización y los voluntarios de chaleco naranja y los de seguridad privada seguían sin tener muy en claro cuál era su trabajo en el lugar. Pero por suerte ahí viene la autoridad. Un señor ya mayor, de anteojos, con credencial y voz de mando. Se van a tener que mover todos detrás de los paravalanchas, ordena a la multitud que ya tenía pies de vecinos encajados en la espalda, codos a la altura de la nariz y por supuesto no podía moverse dos escalones hacia arriba como indicaba a los gritos el señor. Si no, se van a tener que ir.

-¿Usted es de la organización? -le pregunté con la poca paciencia que me quedaba a esa hora. -¿Qué pasó que no hay lugar si todos pagamos la entradas? ¿Por qué no intentan acomodar a la gente?

Mi instinto de organizadora me decía que no podía ser muy complicado organizar a un público de ballet en Bariloche. Qué quedaría si no, para los megaconciertos, Disneyworld o un partido de fútbol.

"Estamos en Argentina", me contestó como si eso excusara a los acomodadores de acomodar, a los de seguridad de brindarla y a los de organización de organizar.

Claro, después es esa la misma gente que se queja cuando los gobernantes no gobiernan o los jueces no sirven a la justicia...

Por suerte el espectáculo arrancó. En unos minutos la magia del arte había borrado la incomodidad, la Argentina trucha, la rodilla de la vecina clavada en la espalda. La entrega de los bailarines guiados por Guerra mostraba que hay otros argentinos, hacedores, profesionales, trabajadores, con disciplina y vocación por su trabajo.

El número final, pareció llevarme nuevamente al principio de la experiencia que relato. En "Argentino", Guerra y el ballet completo abordan el "orgullo de ser argentino", con música de la Bersuit Vergarabat. Los que valen y se esfuerzan, junto a los que nos llevaron a donde estamos hoy se mezclan en las letras de los temas que los bailarines abordan vestidos en celeste y blanco y rodeados de banderas nacionales.
"¿Yo?... ¡Argentino!/Como el tiro en el corazón /De Favaloro. /Del éxtasis a la agonía oscila nuestro historial. /Podemos ser lo mejor, o también lo peor, con la misma facilidad."

¿Sería este señor que se escuda tras "estar Argentina" para no hacer su trabajo, ni preocuparse por los demás y encima maltratar a los que quieren disfutar del espectáculo era parte del show, para que sintiéramos en carne propia esa parte de la argentinidad de la que los Bersuit, Guerra y unos cuantos más no estamos orgullosos?

"Y así nos hacemos ARGENTINOS. /Nos tildan de ladrones, maricas, faloperos, /y ellos sumergieron un país entero. "

domingo, abril 22, 2007

La revolución del trabajo a distancia

por landi

Acabo de terminar de revisar el último capítulo de "Tu Negocio Propio" que saldrá a mediados de mayo con el tomo 3. ¡Obviamente un momento para festejar!

Pero miro a mi alrededor y sólo veo gente desconocida en el patio de comidas con wi-fi a donde me vine a instalar para enviarlo por correo electrónico ya que desde hace una semana -¡justo ahora tenía que ser!- no tengo teléfono e Internet en mi casa-oficina. De todas formas, aun si Telefónica fuera más eficiente y mi conexión funcionara, lo estaría festejando con el lago...

Los 30 capítulos que componen los 3 tomos de la colección se armaron de una forma que hubiera sido impensada hace no tantos años: durante los 8 meses que llevó el desarrollo del proyecto los que lo armamos nos vimos unas pocas veces las caras -¡y algunos ahora que me doy cuenta nunca!.

Es cierto que con Danila ya trabajamos juntas tantas veces, que gracias a Skype, correo electrónico, messenger y mensajes de texto, más de una vez sentimos que estábamos en el mismo ambiente a pesar de los 1.600 kilómetros de distancia. También que con los demás participantes del proyecto -diseñadores, editores, correctores, responsables de marketing- bastaron un plan preciso, el profesionalismo de todos y algunas ocasionales reuniones.

Las revolución del trabajo a distancia apenas está comenzando. Sus ventajas son incontables.

"Pero sus desventajas también." me replica una voz mientras cierro mi laptop entre paseantes domingueros y chicos con pochoclo en dirección al cine.

Esperaré a los festejos que Danila está organizando para la semana que viene, cuando coincidamos en Buenos Aires.

miércoles, marzo 28, 2007

Mondovino


por danila

Excelente película. Véanla. La enganchamos en la tele con Cris y terminó enganchándonos a nosotros hasta la 1am. Es un documental que muestra dos visiones opuestas que conviven en el mundo actual para hacer negocios. El vino es una excusa para que veamos como una de esas visiones está reemplazando a la otra. Aunque recorremos siete países, el campo de batalla está simplificado en Francia vs. Estados Unidos. Para los bodegueros franceses el secreto está en el "terroir", la tradición, la pasión; para los norteamericanos en el marketing, la tecnología, la opinión pública. Dirigida por Jonathan Nossiter --cineasta, sommelier, periodista y viajero--, estamos en buenas manos. La forma artesanal y original en que está producida la película (que se hizo con escasos 280mil dólares) es en sí una toma de posición. Nossiter se ocupa, desde las preguntas y sobre todo desde los ángulos de la cámara y la edición, de expresar su opinión. Pero la película es lejos de ser simplista y muestra no sólo múltiples capas y contradicciones en ambos lados sino también una diversidad de personajes extraordinarios (de los cuales hay un excelente resumen en este artículo de Página 12). En definitiva, se podrán globalizar las culturas pero no las personas. Ni los perros... un capítulo aparte para los perros en la película que casi todos los entrevistados parecen poseer. ¡Las mejores tomas caninas que he visto!

domingo, enero 07, 2007

Wi-fi en la playa hipercivilizada

por landi

Estoy desde hace unos días viajando por el estado de Florida. Pasamos por alto Miami esta vuelta, y nos adentramos en la imparable civilización que toma cada rincón de esta maravillosa costa del Golfo de Mexico, con playas de arena blanca como la nieve y un mar en calma hasta el próximo huracán.

Estoy ahora en Pensacola Beach, un cayo de no más de 100 metros de ancho, una lengua de arena sobre la que están los hoteles, condominios y restaurantes. Después de ver un atardecer rojo en la punta de la isla, vuelvo al wi-fi de este hotel de dos plantas frente al mar que pronto va a desaparecer... A ambos lados grúas,máquinas y trabajadores (hispanos en su mayoría)levantan la torre del Hilton y una monumental torre de departamentos, que me dan la pista de que el valor de la tierra ya no da para un hotel pequeño como el que nos aloja.

En Florida viven cerca de 20 millones de personas: cada hueco, cada médano, cada pantano se ha convertido en una tienda, un condominio, un emprendimiento inmobiliario que desafía (y probablemente afecta) la increíble naturaleza de la península que por primera vez aprecié en este viaje, metiéndonos en reservas naturales y parques estatales, a varias millas de la civilización desbordante. Las torres echan raíces en playas impensadas para la construcción; los restaurantes de comida rápida expanden sus estacionamientos sobre terrenos ganados al agua; los barrios de casitas iguales cubren todo lo que la vista ve; muelles, marinas y embarcaciones extienden la civilización sobre el mismo mar. Una autopista infinita y perfecta atraviesa la civilización por el medio. Aunque ya viví varios años en este país (del 2000 al 2004 viví en Stamford, Connecticut), no dejo de sorprenderme y recordar el lamento de Paul Auster, uno de mis autores favoritos, que explicaba que ya las ciudades no se reconocen por su plaza, su centro o sus edificios, sino porque en la interminable civilización comienzan a repetirse las franquicias de las grandes cadenas: McDonald`s, Home Depot, Macy´s, Burger King, KFC, Holiday Inn, Best Western, Target...

No puedo evitar dos sensaciones contrapuestas mirando a mi alrededor:
1.¡Wow! ¡Cómo construyeron semejante edificio a solo metros del agua, en un suelo arenoso y pantanoso!¡Y esos puentes sobre el mar! ¡Y wi-fi gratuito en la playa!
El ser humano que emprende puede más que los problemas.
2. ¡Que pena! ¡Cuánto desborde! Esto parece una plaga... El ser humano que emprende sin orden y sin límite puede hacer insostenible su propio ambiente.

sábado, diciembre 23, 2006

Leyes que corrompen

por danila

La semana pasada, un amigo que está por emprender un negocio se presentó en el organismo regulador de su ciudad. Llevaba anotadas varias dudas, entre ellas, si una determinada actividad podía o no ser llevada a cabo en forma independiente como trabajador autónomo o si requería ser comercializada por un agente. Después de unos 10 minutos de intentar aclarar el marco legal, y con la exasperación de la paciencia llevada al extremo, mi amigo le pregunta a la empleada de turno:

--Pero entonces, ¿se puede?

Lo que sigue es el diálogo del absurdo:

--Si te para el inspector, no digas que son clientes, decí que son tus amigos..
--¿Entonces está diciendo que no se puede? Porque yo leo la ley y en ningún lado lo prohíbe, y si nada lo prohíbe está permitido, ¿no?
--Bueno, si lo hacés no pasa nada. Mientras no sea algo regular...Todos lo hacen, ya sabés...
--¡No, no! Yo lo que le estoy preguntando si se puede hacer. ¿Se puede o no se puede? Yo quiero que me pare el inspector y tener todo en regla.
--¿Pero qué? ¿No estás trabajando igual ahora?
--¡No! Estoy tratando de planificar para ver qué puedo hacer y qué no sin violar ninguna reglamentación...¿Tan complicado es que ustedes que son el organismo de aplicación me lo aclaren?
--Es que son tantas las leyes, ordenanzas y cosas que resulta muy complicado... "

Hace poco entrevisté a un empresario local que lleva adelante una cadena de maxikioscos. Me contaba que era tan complejo, cambiante y contradictorio el marco regulatorio, que le ha pasado de recibir dos inspectores en un mismo día que le dieran instrucciones diametralmente opuestas. El pobre estaba hastiado y me confesó que manejar su negocio "ya no es felicidad como era antes."

Charlando con landi sobre este tema, ella recordó algo que leyó en el libro "La fortuna en la base de la pirámide" del reconocido profesor de origen indio C.K. Prahalad. El autor analiza las oportunidades de negocio y responsabilidad social que yacen en la población de los países subdesarrollados, y plantea que la base de la corrupción que azota a estos países no es la falta de reglas, sino el exceso de ellas.

Cuando las reglas resultan contradictorias, incomprensibles e impracticables se crea el terreno fértil para la corrupción entre los que se animan a hacer, y para la inacción y la pobreza para quienes tratan de mantenerse dentro de la ley.

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