por danila (desde Italia)
En el hotel de Roma, para conectarse a Internet había dos opciones: usando un cable de red en la habitación, beneficio por el cual había que pagar €8 por hora, o bien contratando el servicio WiFi de la telefónica con la que el hotel tenía acuerdo, por €3.50 la hora. Para esto último, es necesario detectar la red con la laptop o handheld y -a través de una pantalla de inicio- pagar por el servicio únicamente con tarjeta de crédito.
Acostumbrada a que todos los hoteles en la Argentina ofrezcan WiFi gratuito, asi como también infinidad de bares y cafés, tanto tramite y gasto me provoca fastidio. El servicio de mi blackberry, contratado a Personal en la Argentina -descubrí llamando al *111 antes de partir- no anda por estos lares, razón por la cual opté por sacar mi Palm TX y teclado inalámbrico de De Remate, donde los tenía a la venta, y apostar a conectarme ocasionalmebte en puntos WiFi. Sabía por mis recientes años viviendo en Londres, que no era tan fácil pero no imaginé que sería tan difícil como está resultando.
De Roma fuimos en auto a Capracotta, un pequeño pueblo de montaña en la región de Molise. Ahí nació Emiliano Di Bucci, el bisabuelo de Cristian. Si bien hay menos de mil habitantes, el pueblo es desde hace unos años un centro internacional de ski. Aun así, no hay Internet salvo en la municipalidad por la mañana los días habiles. Nos quedamos dos días y la última noche, invitados por Massimo Di Bucci, a quien habíamos conocido ese mismo día, fuimos a cenar a L'Elfo, un restaurante gourmet a una cuadra de nuestro hotel. Compartimos una degustación de delicadeses regionales, incluyendo cacciocavallo, carcioffi, tartufo, crema de lentejas, y ravioles de la más sublime ricotta con salsa de hongos y raddichio. Mientras tomábamos vino en canasta, Massimo hablaba en italiano y Cristian y yo en un mamarracho italo-español. Massimo trabaja en Roma en TIM, una de las grandes de la telefonía celular. Nos contó que la gente renueva sus celulares cada seis meses y que las ventas por semestre, solamente de TIM, alcanzan las tres millones de unidades. ¿Será que ya todos aquí tienen celulares con internet, y por eso es tan difícil encontrar conexiones públicas? No lo creo...
Ahora estoy en Positano, a donde llegamos antes de ayer luego de que Cristian sorteara una hora de costa Amalfitana con el larguísimo auto alquilado. Estoy escribiendo "offline" para el blog, sentada en la terraza, con vista al mar. Iré por la tarde al único locutorio del pueblo, pendrive en mano, a subir el archivo. Espero ser rápida porque sale €5 la media hora...
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martes, julio 22, 2008
miércoles, abril 30, 2008
Wi-fi desde la Puna
por landi
En una de mis primeras entradas a este blog, hace ya bastante, me sorprendía de la hipercivilización norteamericana, cuando hasta en pueblitos de playa perdidos podía conectarme al wi-fi.
Desde hace unos días recorro el noroeste argentino con mi laptop a cuestas y me sorprendo una vez más, cuando en localidades remotas como Cachi, Salta, un pueblo al que se llega después de un par de horas de ripio o Purmamarca, Jujuy, desde donde escribo hoy, es posible acceder a conexiones de Internet inalámbricas que me permiten seguir trabajando de a ratos desde una casona del siglo XVIII en un pueblo polvoriento o desde un hotel con vista al Cerro de los siete colores, en plena Puna norteña.
Sin dudas cambia mi forma de vivir y trabajar. Pero me pregunto al ver a los chiquitos, yendo a pie por los caminos hacia su escuela rural, ¿Cuánto va a a cambiar sus vidas?
En una de mis primeras entradas a este blog, hace ya bastante, me sorprendía de la hipercivilización norteamericana, cuando hasta en pueblitos de playa perdidos podía conectarme al wi-fi.
Desde hace unos días recorro el noroeste argentino con mi laptop a cuestas y me sorprendo una vez más, cuando en localidades remotas como Cachi, Salta, un pueblo al que se llega después de un par de horas de ripio o Purmamarca, Jujuy, desde donde escribo hoy, es posible acceder a conexiones de Internet inalámbricas que me permiten seguir trabajando de a ratos desde una casona del siglo XVIII en un pueblo polvoriento o desde un hotel con vista al Cerro de los siete colores, en plena Puna norteña.
Sin dudas cambia mi forma de vivir y trabajar. Pero me pregunto al ver a los chiquitos, yendo a pie por los caminos hacia su escuela rural, ¿Cuánto va a a cambiar sus vidas?
jueves, enero 17, 2008
¿Se puede emprender mientras se trabaja para otros?
por danila
Esta semana Arnet me ha privado de mi conexión de Internet, convirtiéndome en una gitana del wifi. Hoy me he pasado el día en un café de la calle Juramento. Mientras contesto mails e investigo, escucho porciones de conversaciones entre etrepreneurs que se reunen para planificar y negociar. Mis vecinos de box estaban ponderando emanciparse. Uno de ellos había leído "Pasión por Emprender" de mi amigo Andy Freire y le había quedado grabada una frase del libro que decía que eran muy pocos los casos exitosos de emprendedores que habían comenzado su negocio mientras a la vez estaban trabajando en relación de dependencia. Una vez más la vida nos hace elegir o, para ponerlo en términos más mundanos: ¡todo no se puede! ¿O alguien lo puede desafiar?
Esta semana Arnet me ha privado de mi conexión de Internet, convirtiéndome en una gitana del wifi. Hoy me he pasado el día en un café de la calle Juramento. Mientras contesto mails e investigo, escucho porciones de conversaciones entre etrepreneurs que se reunen para planificar y negociar. Mis vecinos de box estaban ponderando emanciparse. Uno de ellos había leído "Pasión por Emprender" de mi amigo Andy Freire y le había quedado grabada una frase del libro que decía que eran muy pocos los casos exitosos de emprendedores que habían comenzado su negocio mientras a la vez estaban trabajando en relación de dependencia. Una vez más la vida nos hace elegir o, para ponerlo en términos más mundanos: ¡todo no se puede! ¿O alguien lo puede desafiar?
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domingo, enero 07, 2007
Wi-fi en la playa hipercivilizada
por landi
Estoy desde hace unos días viajando por el estado de Florida. Pasamos por alto Miami esta vuelta, y nos adentramos en la imparable civilización que toma cada rincón de esta maravillosa costa del Golfo de Mexico, con playas de arena blanca como la nieve y un mar en calma hasta el próximo huracán.
Estoy ahora en Pensacola Beach, un cayo de no más de 100 metros de ancho, una lengua de arena sobre la que están los hoteles, condominios y restaurantes. Después de ver un atardecer rojo en la punta de la isla, vuelvo al wi-fi de este hotel de dos plantas frente al mar que pronto va a desaparecer... A ambos lados grúas,máquinas y trabajadores (hispanos en su mayoría)levantan la torre del Hilton y una monumental torre de departamentos, que me dan la pista de que el valor de la tierra ya no da para un hotel pequeño como el que nos aloja.
En Florida viven cerca de 20 millones de personas: cada hueco, cada médano, cada pantano se ha convertido en una tienda, un condominio, un emprendimiento inmobiliario que desafía (y probablemente afecta) la increíble naturaleza de la península que por primera vez aprecié en este viaje, metiéndonos en reservas naturales y parques estatales, a varias millas de la civilización desbordante. Las torres echan raíces en playas impensadas para la construcción; los restaurantes de comida rápida expanden sus estacionamientos sobre terrenos ganados al agua; los barrios de casitas iguales cubren todo lo que la vista ve; muelles, marinas y embarcaciones extienden la civilización sobre el mismo mar. Una autopista infinita y perfecta atraviesa la civilización por el medio. Aunque ya viví varios años en este país (del 2000 al 2004 viví en Stamford, Connecticut), no dejo de sorprenderme y recordar el lamento de Paul Auster, uno de mis autores favoritos, que explicaba que ya las ciudades no se reconocen por su plaza, su centro o sus edificios, sino porque en la interminable civilización comienzan a repetirse las franquicias de las grandes cadenas: McDonald`s, Home Depot, Macy´s, Burger King, KFC, Holiday Inn, Best Western, Target...
No puedo evitar dos sensaciones contrapuestas mirando a mi alrededor:
1.¡Wow! ¡Cómo construyeron semejante edificio a solo metros del agua, en un suelo arenoso y pantanoso!¡Y esos puentes sobre el mar! ¡Y wi-fi gratuito en la playa!
El ser humano que emprende puede más que los problemas.
2. ¡Que pena! ¡Cuánto desborde! Esto parece una plaga... El ser humano que emprende sin orden y sin límite puede hacer insostenible su propio ambiente.
Estoy desde hace unos días viajando por el estado de Florida. Pasamos por alto Miami esta vuelta, y nos adentramos en la imparable civilización que toma cada rincón de esta maravillosa costa del Golfo de Mexico, con playas de arena blanca como la nieve y un mar en calma hasta el próximo huracán.
Estoy ahora en Pensacola Beach, un cayo de no más de 100 metros de ancho, una lengua de arena sobre la que están los hoteles, condominios y restaurantes. Después de ver un atardecer rojo en la punta de la isla, vuelvo al wi-fi de este hotel de dos plantas frente al mar que pronto va a desaparecer... A ambos lados grúas,máquinas y trabajadores (hispanos en su mayoría)levantan la torre del Hilton y una monumental torre de departamentos, que me dan la pista de que el valor de la tierra ya no da para un hotel pequeño como el que nos aloja.
En Florida viven cerca de 20 millones de personas: cada hueco, cada médano, cada pantano se ha convertido en una tienda, un condominio, un emprendimiento inmobiliario que desafía (y probablemente afecta) la increíble naturaleza de la península que por primera vez aprecié en este viaje, metiéndonos en reservas naturales y parques estatales, a varias millas de la civilización desbordante. Las torres echan raíces en playas impensadas para la construcción; los restaurantes de comida rápida expanden sus estacionamientos sobre terrenos ganados al agua; los barrios de casitas iguales cubren todo lo que la vista ve; muelles, marinas y embarcaciones extienden la civilización sobre el mismo mar. Una autopista infinita y perfecta atraviesa la civilización por el medio. Aunque ya viví varios años en este país (del 2000 al 2004 viví en Stamford, Connecticut), no dejo de sorprenderme y recordar el lamento de Paul Auster, uno de mis autores favoritos, que explicaba que ya las ciudades no se reconocen por su plaza, su centro o sus edificios, sino porque en la interminable civilización comienzan a repetirse las franquicias de las grandes cadenas: McDonald`s, Home Depot, Macy´s, Burger King, KFC, Holiday Inn, Best Western, Target...
No puedo evitar dos sensaciones contrapuestas mirando a mi alrededor:
1.¡Wow! ¡Cómo construyeron semejante edificio a solo metros del agua, en un suelo arenoso y pantanoso!¡Y esos puentes sobre el mar! ¡Y wi-fi gratuito en la playa!
El ser humano que emprende puede más que los problemas.
2. ¡Que pena! ¡Cuánto desborde! Esto parece una plaga... El ser humano que emprende sin orden y sin límite puede hacer insostenible su propio ambiente.
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