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martes, abril 14, 2009

Despedir o no despedir personal? Mejor, vacaciones pagas

por landi


La crisis apenas está arrancando. Y los despidos de personal se expanden en el mundo (ver entrada La nueva ola de "emprendedores por necesidad"). Pero esta estrategia me parecio original: un estudio de abogados de Estados Unidos está ofreciendo a sus 1.300 empleados que se tomen un año sabático, con un tercio del sueldo pago.
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Así, la empresa reduce sus costos --en mucho mas de dos tercios, ya que el costo de un empleado es mucho más que su sueldo--, y mantiene la opción de que los buenos abogados que tanto le costó seleccionar vuelvan el año próximo, relajados y realizados.
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Más de 100 empleados ya aceptaron la propuesta --que incluye la garantía de que no serán despedidos durante el periodo-- y preparan sus valijas para dar la vuelta al mundo, ir a enseñar inglés al Himalaya, terminar sus posgrados o dedicarse a su familia.

domingo, septiembre 21, 2008

La primavera de los emprendedores

por danila

La palabra "emprendedor" suele asociarse hoy en día con alguien que quiere hacer dinero. No es ese su significado (del latin, "imprendere", que quiere decir algo asi como "acometer"), ni la visión que landi y yo compartimos (y sobre la cual armamos este blog).

Creemos, no que la gente tiene que buscar hacer dinero como un fin, sino que tiene que impulsar un proyecto de vida que sea a la vez satisfactorio y sustentable. Trabajar por trabajar, o hacer dinero por hacer dinero, resultan objetivos vacíos.

Ayer me alquilé "I'm not there" en DVD. Es una película muy particular que muestra, a través de seis personajes, la vida de Bob Dylan. Esta mañana dominguera del día de la primavera, estoy acá con el diario, la laptop y escuchando música en la radio. Ponen "Knocking on Heaven's Door" de Dylan, y entro en Wikipedia para repasar su historia. El padre de Dylan tenía un negocio de electrodomésticos en un pueblo de Minessota, pero Dylan rompío con el molde de comerciante (que para otros puede ser una aspiración). A los ocho años aprendió a tocar el piano y ahorró US$ 10 con los que se compró una guitarra por correo. Ahí define su proyecto de convertirse en una gran figura de rock, cosa que como todos bien sabemos, logra con creces.

Otra lectura de esta mañana, es Mutis x El Foro, una revistita que me traje anoche del Actor's Studio, donde fui a ver la obra "Luz de Gas". Leo la entrevista de Misael Scher a la excelente actriz vuelta directora de teatro, Inés Estévez. Estévez brinda respuestas interesantes de alguien que va detrás de su proyecto:

"Desde que empecé a actuar, siempre tuve presente que quería dirigir. Inclusive, cuando estudiaba danza de chiquita, mi objetivo era coreografiar más que bailar."

"Estoy empezando de cero. Tengo la inconsciencia, la pasión y el miedo del prinicipiante."

"Ya que estoy yendo en detrimento de mi economía, voy a empezar a ir en favor de mi felicidad total (y en detrimento total de mi economía)."

Y también conoce sus limitaciones. Le preguntan "¿Por qué elegiste dirigir teatro, y no cine?

"Para dirigir cine en este país tenés que ser primero kamikaze, después quijotesco, después muy político, y después tener una habilidad empresarial que es agotadora y que no es natural en mí."

El Día de la primavera simboliza la renovación de la naturaleza, el comienzo, y es una excelente época para reinventarnos, aplicar la creatividad y emprender (en el sentido más amplio de la palabra).

martes, febrero 26, 2008

Mucanomics

por danila

Escucho hablar a mujeres profesionales acerca de "la mucama" y me escandalizo. Me cuesta creer, por un lado, la explotación. Por el otro, no comprendo cómo perpetúan la relación empleadora-empleada a pesar de que -guiándome por la cantidad de veces que "la mucama" es el eje de su quejas- no están satisfechas. ¿Por qué siguen insistiendo en contratar a una mucama si la cosa evidentemente no les funciona?

La relación entre la mujer casada -sobre todo con hijos- y la mucama es un caso lose-lose (ambas partes pierden): las mucamas ganan poco (y sus empleadoras consideran que ganan demasiado); no tienen vacaciones (y sus empleadoras consideran que "desaparecen cuando se les canta"); deben asumir más responsabilidades que casi cualquier otro trabajador de su mismo nivel de educación (y sus empleadoras se quejan de que no saben hacer nada).

2 de cada 10 mujeres asalariadas en la Argentina, son empleadas domésticas. De ellas, un tercio son jefas de hogar, es decir, el principal sustento de sus familias... ¡! A pesar de representar tan significativa porción de la fuerza de trabajo, el personal doméstico está excluído expresamente de la Ley de Contrato de Trabajo (artículo 2). La actividad está regida por el decreto 326-56 del gobierno de Perón, desconocido por la mayor parte de los empleadores. Aquel viejo decreto también muestra la discriminación enquistada en la sociedad con respecto al trabajo de los empleados domésticos (mujeres, en 90% de los casos): no contempla licencia por maternidad.

¿Cuál es el efecto de estar fuera del sistema? Por un lado, y a pesar de los esfuerzos de la AFIP, más de 90% de las empleadas domésticas están en negro y sin obra social ni beneficios. 79% de las mucamas tienen un sólo empleador y 91% trabajan más de 6 horas semanales para ese único empleador de cuya buena voluntad (y arbitrareidad) dependen las condiciones laborales.

Por otro lado -y esta es la parte que más me choca- está la cantidad de responsabilidades y tareas que se asigna a las mucamas, sobre todo las que están con "cama adentro". Todo por la misma suma que se le pagaría si se limitaran a limpiar la casa. Estas son algunas de las cosas que se espera de "la mucama":

- Que limpie la casa
- Que cocine
- Que haga las compras
- Que cuide a los chicos
- Que lleve y busque a los chicos en el colegio
- Que pague las cuentas en el Pago Fácil
- Que saque a pasear el perro
- Que atienda el teléfono y anote los llamados
- Que cuide las plantas del jardín/ balcón

Desde 2004, los empleados domésticos tienen un salario mínimo regido por el Ministerio de Trabajo. Segun las últimas disposiciones, la empleada que trabaja 8 horas por día y no pernocta en la casa de su empleador, debe cobrar en la categoría más baja un mínimo de $830 (que deberá subir a $906 en marzo). He escuchado a potenciales empleadoras quejarse de que sus mucamas le pedían más de $700 mensuales. He leído en blogs y foros que en algunos lugares del interior no pagan más de $400 por el trabajo full-time. Personalmente creo que las tareas mencionadas deberían cotizarse a no menos de $3000 mensuales (mucama + niñera + cocinera + paseadora de perros + jardinera + cadete + secretaria). Si además el trabajo fuera "cama adentro", por resignar la vida propia a cambio de un cuartucho yo cobraría tres veces más!

Claro, quien está dispuesto a cobrar los $400 o $700 mensuales a cambio de todas esas responsabilidades y arduas tareas, sin duda es alguien con poca educación y posibilidades de hacer otra cosa. De hecho, 80% de los empleados domésticos tienen secundario incompleto o menos. Y entonces después sus empleadores -quienes no sometieron a sus candidatos a ninguna prueba ni exigieron cierto nivel de educación, sino que se conformaron con unas referencias acerca de su "confianza"- se quejan de que no hacen bien las cosas. Y, claro...

Es un contrato raro, sin límites ni especificaciones, que es de hecho una delegación de la vida y de las responsabilidades propias sobre la casa y los hijos. Y ahí viene el otro gran tema...

Falta resolución de la división de tareas en las parejas. Las mujeres profesionales, en la mayoría de los casos, trabajan a la par de los hombres. Pero las responsabilidades sobre el hogar y los niños suele quedar del lado de las mujeres, por lo cual su carga total (trabajo + hogar + crianza) es claramente superior. Ergo, la mucama. Ergo, la disconformidad (por todos los temas que expliqué antes).

La culpa es tanto de los hombres como de las mujeres, y creo que es más de las mujeres que se sienten con el mandato social de hacerse cargo de todo. Forget it! Compartir las responsabilidades y tareas es más eficiente y mucho más satisfactorio. A los escépticos les digo que es posible: en mi casa funciona. No tenemos chicos todavía pero ya hay un patrón de compartir las tareas del hogar que permite predecir cómo funcionarán las cosas con chicos. Y no saber no es una excusa... yo aprendí a cocinar y a planchar luego de casada (Cristian ya sabía porque había vivido solo de soltero).

Mi recomendación: tomar el control del hogar, compartiendo tareas en la pareja y delegando solo lo necesario a terceros; ser creativos en encontrar soluciones que dejen satisfechos a todos y participar a toda la familia en el proceso; programar cómo va a ser el cuidado de los chicos en pareja y adecuar los trabajos de ambos; aprender y animarse a cocinar, limpiar y lavar (como hace la clase media en cualquier lugar de primer mundo!); pagar bien a las personas contratadas, en blanco y otorgando beneficios - a la larga, va a ser mejor para todos.


(Los datos estadísticos los saqué de un informe muy bueno que publicó el Ministerio de Trabajo en 2005: Situación Laboral del Servicio Doméstico en la Argentina)

lunes, enero 21, 2008

Un gran salto "En la cama"

por landi
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Buenos Aires, calle Corrientes. Los teatros de revista, las luces de neón y las carteleras llenas de estrellitas del momento de vez en cuando abren paso a una propuesta original.
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Con "En la cama", José María Muscari, autor y director treintañero aunque con larga experiencia en el circuito off, pegó el gran salto hacia el teatro masivo con una obra ingeniosa, dinámica, inteligente y entretenida que seguramente tendrá un largo camino por delante.
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A sala llena, al menos en las dos funciones del sábado, dos matrimonios revelan sus historias, conflictos, fantasías y debilidades con una escenografía en la que la cama del título es la protagonista. Los diálogos llevan a pensar mientras se ríe o reir mientras se piensa, en una puesta en la que a ritmo de comedia, pero con trama de drama, se combinan caras conocidas, brillantes actuaciones, algún que otro desnudo de ambos sexos, un erotismo siempre en el borde de la transgresión, y localismos que rompen la barrera entre el público y el escenario.

"Esto es teatro comercial", le recuerda un personaje a otro invitándolo a hablar con más corrección, en uno de los tantos guiños con que Mónica Ayos, Viviana Saccone, Gererado Romano y Walter Quiroz interactúan con el público y con la sociedad argentina desde la obra de Muscari.

"Demasiado inteligente para ser liviano, demasiado liviano para ser inteligente." evaluó el crítico del diario La Nación. Yo creo que es un ejemplo de con creatividad e inteligencia es posible diseñar buenos productos culturales, un espacio en el que la Argentina tiene un enorme potencial. Una buena contrapartida a la película "El amor en los tiempos del cólera" que analicé en mi entrada anterior.

lunes, octubre 22, 2007

Caro Cuore y La Martina: dos caminos opuestos para exportar

por danila

El primer libro que escribimos juntas landi y yo fue "El sueño del negocio propio (hecho realidad)" hace 10 años. Uno de los casos de éxito que incluimos fue el de la cadena de ropa interior comandada por la pareja Drescher, Caro Cuore.

Corrían los años 60. Adolfo Drescher tenía 18 años y no quería ir a la universidad. Tampoco quería seguir a sus padres a Brasil porque prefería quedarse al lado de su novia (futura socia y esposa), Rosita.

Adolfo y Rosita notaban que, cuando viajaban a Brasil, las argentinas les pedían corpiños de goma, que estaban de moda. Detectando la oportunidad, Adolfo contrató un tallerista y montó una fábrica de corpiños, Demibell. En 1980, la empresa había pasado la prueba de fuego y estaba consolidada. Rosita, a cargo del diseño, quería ir un paso más allá y no se sentía desalentada cuando los fabricantes la miraban como si estuviera loca al decir "quiero hacer más creativos los corpiños." El siguiente paso fue la creación de Caro Cuore, donde se plasmó esa visión.

Cuando entrevistamos a los Drescher en 1997, facturaban USD 29 millones al año y habían comenzado un proceso de internacionalización en América Latina. A principio de ese mes, La Nación publicó que Caro Cuore inauguró locales propios en Londres y en Verona lo cual me dio una gran alegría. Ahora facturan USD 23 millones solo de sus ventas en el exterior, sumando USD 191 millones la facturación total.

No es nada fácil desembarcar en ciudades como Londres y Verona, donde el diseño está en los genes. El camino de Caro Cuore fue el de aprender en el mercado local, cometiendo errores y mejorando procesos hasta tener suficiente confianza para lanzarse al mundo. Otra gran marca argentina de indumentaria, La Martina, recorrió el camino inverso logrando iguales resultados positivos.

Hace poco, durante sus vacaciones, me escribió mi padre sorprendido por encontrar locales elegantes de La Martina en Florencia y Siena con el slogan impreso en el frente: "Tradición del Polo Argentino." Se ve que no es el único sorprendido ya que la empresa es desde hace poco caso de estudio en la prestigiosa IMD de Suiza, primera en el ranking de escuelas de negocios de The Economist y segunda en los de Wall Street Journal y Business Week.

A la inversa de Caro Cuore, La Martina nació en el exterior para luego venir a la tierra de su dueño y fundador, Lando Simonetti. Como relata Natasha Esquivel en el iEco de la semana pasada, Simonetti desembarcó en USA a los 30 años luego de trabajar de publicista en la Argentina y vio la oportunidad de crear una marca de ropa que aprovechara algunas tendencias que detectó en Boston: la preocupación por la vida sana y la influencia del deporte en la moda. Fue el primero en usar al polo para promocionar la marca, uniendo deporte y exclusividad en un mismo paquete. Arrancó en USA y se expandió a Europa de la mano de equipos a los que les regalaba la camiseta, de su presencia en eventos de Polo y en destinos turísticos top como St.Tropez. En 1990 recién inauguró su primer local en Buenos Aires (luego de una perqueña prueba en Punta del Este) para luego crear el equipo La Martina de la mano de Eduardo Heguy. ¡El equipo vino detrás de la marca!

Caro Cuore construyó su marca desde adentro y La Martina desde afuera. Ahí se acaban las diferencias. En ambos casos, se detectó una tendencia en el mercado, se actuó sobre la oportunidad y se siguió por el camino utilizando toda la creatividad para agregar valor en segmentos de alto poder adquisitivo por los que se disputan gigantes internacionales con mucho presupuesto. Y una última similitud. Al igual que Adolfo Drescher, Lando trabaja en sociedad con su mujer, Gachi Ferrari. Dos parejas que han conquistado los mercados locales e internacionales.

miércoles, mayo 09, 2007

Productos innovadores (parte 1)

por danila

Hace poco más de un mes, en un lapsus de zapping televisivo, llegué a las profundidades de Cablevisión y me detuve en el canal 80. Una serie de cortinas (esos interludios entre programa y programa) me atraparon a pesar de que el nombre del canal no resultaba muy seductor. Se trataba de Ciudad Abierta del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde entonces, frecuentemente visito la Ciudad Abierta y, hasta ahora, nunca me ha dejado de deleitar y sorprender. Dirigido por la gionista y productora cinematográfica Cecilia Hecht, es un producto innovador y creativo en el que se nota la mano de artistas y diseñadores, con contenidos originales y ángulos totalmente diferentes.

El primer programa que vi fue "Dinero" conducido por Jorge Halperín. En esa ocasión entrevistaba a Jorge Guinzburg. A escasos centímetros de distancia, dialogaban en un sofá sobre el dinero y el poder, el dinero y el género, el dinero y la felicidad... La edición era perfecta y el setting de alto diseño.

Otro día ví "Culinario". Recordé que Rónald Shakespear, mito del diseño gráfico, siempre decía que a las cosas hay que llamarlas por el nombre más obvio (el Estudio Shakespear fue responsable por rediseñar la identidad corporativa de los subterráneos de Buenos Aires y rebautizarlos "Subte"). Todos los programas de Ciudad Abierta, descubrí, tienen nombres sencillitos como violeta doble. De Culinario me sorpendió un conductor atípico, letárgico y a la vez dotado de un gran sentido del humor, que recorría un restaurante japonés y su funcionamiento. Mediante secuencias rápidas de fotos, una voz en off resumía la cadena de abastecimiento o la forma de producción. Genial.

Anoche tuve ocasión de escuchar por segunda vez a Pedro Mairal, escritor que ganó en 1998 el premio Clarín con Una noche con Sabrina Love. La primera vez lo ví en la Librería Ghandi el año pasado cuando presentaba Ficciones sobre Ciegos, la recopilación de cuentos sobre la cegura que editó Tiflolibros. En esta segunda oportunidad, lo espié detrás de las plantas mientras era picado por mosquitos y entrevistado por la desconcertante poeta Marina Mariasch en "El secreto shhh". Intimista y revelador.

Es un alivio toparse con un canal concebido por hacedores genuinos como Mariano Cohn y Gastón Duprat y no por imitadores de fórmulas exitosas. Por ahora seremos pocos televidentes que paramos en Ciudad Abierta mientras 3.8 millones llaman para votar quién se va de la casa de Gran Hermano (plop!)... pero para mi no hay duda de que esta semilla de creatividad que es Canal Abierto va a germinar y extenderse.

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