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sábado, mayo 23, 2009

Consumidores irracionales somos presa fácil

por danila.

Estás comprando una cafetera manual. Cuesta $80. Hace tiempo que la querés, ya tomaste la decisión y estás en la cola para pagar. Te encontrás con un amigo que te dice que, a unas diez cuadras de ahí, la venden en otro local por $55. ¿Qué hacés? Probablemente, te hagas la caminata para ahorrarte unos pesos, ¿no?

Ahora estás comprando una TV de plasma (se ve que te fue bien... lol). Cuesta $3200. Hace tiempo que la querés, ya tomaste la decisión y estás en la cola para pagar y te encontrás con un amigo que te dice que, a unas diez cuadras de ahí, la venden en otro local por $3175. ¿Qué hacés? Probablemente decidas hacer la compra donde estás, ¿no?

Curioso, ¿no? En los dos casos la situación es exactamente la misma: caminar diez cuadras para ahorrar $25. Tu economía personal no siente la diferencia entre que el ahorro provenga de una cafetera o de una TV. Sin embargo, la percepción es que vale la pena el esfuerzo para lograr el ahorro en el primer caso, y no en el segundo.

Obviamente no podemos andar por la vida como bichos ultra racionalistas, pero vale la pena pensar en cuántas de estas "trampas cognitivas" caemos a diario.

Además, hay trampas que están puestas por terceros, como cebos, y no por nosotros mismos. Con un marketing que cada vez se mete más en nuestra psicología (ahora está de moda el "neuromarketing"), las falsas ofertas, el "compralo ahora, pagalo luego", los programas de beneficios y muchas otras tácticas, pueden acentuar nuestras conductas irracionales en el consumo. Ojo. Aprovechemos lo que realmente nos sirva y desechemos lo que nos limpia los bolsillos innecesariamente...

Jajajaja... mientras termino de escribir esta entrada, suena el teléfono. Atiendo y del otro lado una voz pregrabada me dice: "Hola, ¿sabés quién soy? No lo vas a poder creer... ¡soy tu auto!"

viernes, agosto 08, 2008

A caballo regalado...

por landi

"A caballo regalado, no se le miran los dientes", explica la sabiduría popular. La idea, es que en algo que viene de regalo pueden tolerarse algunos defectos, presuponiendo que el valor del obsequio es mayor que la reducciόn de utilidad que el defecto en cuestiόn implica.

Sin embargo, en tiempos de promociones consumistas, las cuentas no cierran de la misma manera que en los tiempos en que la escasez hacía de un caballo, sin importar su dentadura, un valor de importancia para tu economía personal.

"Con tu compra te regalamos un celular", me planteό la vendedora que inspirό ayer esta entrada cuando salí a hacer compras por el Día del Niño. Con esta o cualquier otra excusa, las empresas aprovechan para tratar de encajarte un contrato, un gasto mensual o aunque sea el consumo de accesorios y servicios extras. Antes de aceptar cualquier supuesto regalo de este tipo y dejarte llevar por el entusiasmo del "gratis", pensá dos veces si lo necesitás y qué gasto extra o compromiso implica la aceptaciόn.

Si no estás convencido, un "No, gracias" puede ahorrarte problemas.

En la actualidad --al menos en la sociedad de consumo en la que estamos metidos en la mayor parte del mundo-- el dicho debería ser "A caballo regalado...también hay que darle de comer"

jueves, junio 12, 2008

Un niño llamado Lego (o Rasti, Daki o tu marca favorita)

por landi

Hace algunos días las autoridades suecas autorizaron a los padres de un niño de esa nacionalidad, a registrarlo con el nombre con el que ya lo llamaban mientras la justicia debatía: Lego. Durante más de un año, los padres de Lego debieron esperar para que los autorizaran a inscribirlo con el nombre de la conocida marca de bloques de juguete.

La empresa Lego, una multinacional de origen danés, famosa desde los años ´40 cuando comenzaron a comercializar los bloquecitos de plástico encastrables que permiter armar desde una casita hasta un castillo en escala natural, no emitió comentarios, pero saben que cuentan con un futuro cliente...

Aquí podrían haberlo llamado Rasti o Daki, si estos padres posmodernos fueran fanáticos de los bloques para armar, pero también podrían haberlo llamado Danonino, Sugus, Taragüí, Falcon, Geniol, o alguna de las otras marcas valoradas por los argentinos en distintas categorías.

¿Es un síntoma de consumismo o una libre elección? Si los nombres de las personas pueden inspirar marcas (Mercedez Benz, Ford, Goodyear) ¿por qué no puede ocurrir a la inversa?

Hace poco leía que una forma de medir la intensidad de la relación entre las marcas y sus consumidores, era analizar la cantidad de personas que están dispuestas a tatuarse el nombre de producto favorito en la piel. Sí, grabar con agujas y tinta indeleble el logo de una empresa en el cuerpo... Harley-Davidson, Coca-Cola, Nike, eran algunas de las que estaban a la cabeza de la lista, y en la piel de sus fans.
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¿Se vendrá una nueva generación de consumidores con marcas --en su mente, en su nombre y en su piel-- instaladas desde temprano?

jueves, diciembre 06, 2007

Merdolino

por danila

Los bienes de lujo se han convertido en bienes de consumo masivo. No todos pueden comprar una Ferrari o un Rolex. Pero el marketing se ha encargado de detectar la necesidad de una gran parte de la población que, perteneciendo a la clase media, demuestra estatus de manera cotidiana con sus iPods, ropa deportiva, celulares sofisticados y fiambres patágonicos de ciervo y jabalí. Vean lo que han hecho los diseñadores de algunas compañías con un objeto tan ordinario e insignificante como un cepillo para limpiar inodoros...




1) "Merdolino" de Alessi; 2) el cepillo de Oxo Grips; 3) "Excalibur" de Philip Starck; 4) el cepillo de Ross Lovergrove.

lunes, agosto 13, 2007

Las reglas de la industria del video

por landi

En Estados Unidos las industrias funcionan según una serie de pautas, en las que los empleados de las empresas son casi engranajes que funcionan de acuerdo con ellas. Las "reglas de la industria" dan lugar a libros, conferencias y expertos, como el que menciona Danila en sus entradas al blog sobre las reglas de la industria del entretenimiento.

Las reglas mandan en las industrias (y por lo tanto en lo que los consumidores recibimos de ellas)... hasta que alguien se atreve a innovar lo suficiente como para romperlas.

Mientras las películas de los grandes estudios funcionan como máquinas de hacer dinero, con actores que cobran cifras millonarias para moverse de sus mansiones, y abogados que son la clave para armar contratos de todo tipo alrededor, las posibilidades de ver buen cine en Estados Unidos eran hasta hace poco bastante escasas. Los cines estrenan sólo los "blockbusters" -las super producciones de los estudios de su país que prometen facturar millones- y los videoclubes, con la cadena Blockbuster a la cabeza, se hacen eco de esta megaindustria y sólo suelen ofrecer esas películas masivas que garanticen grandes ingresos.

EN 1999, Reed Hastings, un emprendedor californiano, tuvo una brillante idea, después de haber tenido que pagar 40 dólares de multa por devolver tarde una película en un videoclub de su barrio: por qué no armar un "videoclub virtual", sin colas, sin esperas, con todad la variedad y sobre todo sin plazos de devolución ni multas agresivas. Así surgió Netflix.

El boca a boca se expandió entre amantes del cine, Internet y la innovación. En 2002, mientras vivía en Connecticut, me hice socia; un amigo de una agencia de publicidad en Manhattan me lo recomendó con los ojos brillantes. Desde entonces me volví yo también una fan. El revolucionario sistema de Netflix combina cine, diversión y comodidad. Desde tu computadora te permite hacer una lista de selecciones entre su base de películas de más de 70.000 DVDs y te las envía por correo en un sobre rojo que luego se utiliza también para devolverlas, sin plazo limitado para hacerlo. Hay de todo en la base de datos, que permite explorar por una enorme variedad de criterios y evaluar las películas que ya viste para lograr mejores recomendaciones: el cine tradicional americano, el creciente cine independiente, el clásico europeo, cine iraní, indio, africano y hasta hay alguna que otra película argentina.

Hoy Netflix tiene más de seis millones de usuarios, sin necesidad de locales a la calle, y ya han intentado copiar su sistema los grandes jugadores de la industria, como Wal-Mart y el mismísimo Blockbuster. Wal-Mart ya se ha retirado, derrotado. Blockbuster sigue tratando de dar batalla combinando el sistema virtual con su red de locales.

Pero las reglas de la industria del video ya no son las mismas.

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